La nueva prisión exigirá «el doble» de funcionarios que la actual de Martutene
La crisis paraliza el arranque de la nueva prisión
de Gipuzkoa, pieza clave para Donostia. Su construcción condiciona el
desarrollo del mayor polígono industrial del territorio y el nuevo
barrio residencial de Txomin Enea
«Es la peor cárcel que he visto». Cuando en junio de 2004
la entonces directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes
Gallizo, visitó la prisión de Martutene se le cayó el alma al suelo y
no pudo evitar soltar esta frase ante quienes le acompañaban. Un año
después firmaba con Odón Elorza un protocolo de intenciones para
construir un nuevo centro penitenciario en la parte alta de Zubieta, un
terreno que el Ayuntamiento reservaba para varios proyectos. Desde el
año pasado se trabaja en la explanación de los terrenos para la nueva
prisión, cuyas obras de edificación estaban en concurso con el objetivo
de ponerla en funcionamiento en 2014. Pero los ajustes económicos del
nuevo Gobierno impiden sacar nuevas plazas de funcionario y los planes
para Zubieta se han parado. La preocupación en el consistorio
donostiarra es evidente porque la nueva cárcel era una de las cartas de
un castillo de naipes que puede truncar varias operaciones estratégicas,
entre ellas el polígono industrial de Eskuzaitzeta y la segunda fase de
Txomin Enea (369 de las 1.300 nuevas viviendas previstas en el entorno
de la actual cárcel de Martutene).
Hasta los nuevos mandatarios de Bildu, que nunca han
visto con buenos ojos la construcción de la «macrocárcel de Zubieta»,
han mostrado su inquietud por una eventual paralización (aún no oficial
ni irreversible). El alcalde donostiarra, Juan Karlos Izagirre, trata de
concertar una entrevista con el director general de Instituciones
Penitenciarias, Ángel Yuste, para confirmar si se paraliza, retrasa o
redimensiona la construcción de la nueva cárcel, aunque un contacto
telefónico mantenido hace unos días ya le dejó claro que, al menos, sí
habrá una «ralentización» de la puesta en marcha de la prisión. Las
medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy de lucha contra el déficit
impiden sacar nuevas plazas de funcionarios, lo que bloquea alumbrar las
nuevas prisiones en marcha por sus mayores necesidades de personal.
¿Cuánto mayores? Si en la prisión de Martutene trabajan
entre 60 y 70 funcionarios, la de Zubieta exigiría «casi el doble» de
empleados, explica el portavoz municipal del PP, Ramón Gómez, quien
asegura que los populares vascos van a trabajar intensamente para que
este proyecto no se pare. Otras fuentes municipales hablan de mucho más
personal. «Hay que tener en cuenta que el modelo de cárcel por el que
apostó el PSOE es el de 'miniciudad', una gran edificación con módulos
autosuficientes, instalaciones de mucha superficie que requieren,
obviamente, mucho personal y grandes inversiones», indica el concejal
Iñaki Gurrutxaga. Frente a la prisión de Martutene, de 118 celdas y unos
300 reclusos en un edificio que ocupa dos hectáreas, se pasaría al
centro penitenciario de Zubieta con 504 celdas construidas en 18
hectáreas (en una parcela de 28,7 hectáreas). La nueva prisión
donostiarra (75 millones de euros de presupuesto de edificación) sería
como la que se acaba de construir en Pamplona y cuya puesta en
funcionamiento también está al ralentí por falta de personal.
El convenio firmado entre la Sociedad Estatal de
Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios (SIEP) y el Ayuntamiento
donostiarra para dar lugar a un nuevo centro penitenciario establece el
pago a la ciudad de 6 millones de euros para la urbanización de
Eskuzaitzeta y el abono de 1.725.000 para la compra de los terrenos
necesarios para la nueva cárcel. De este dinero, Instituciones
Penitenciarias sólo ha abonado al Ayuntamiento 3,6 millones de euros por
el primer concepto, según explicó el concejal de Urbanismo, Ricardo
Burutaran.
Suelos para empresas
Si se confirmase la paralización o ralentización del
proyecto, la primera consecuencia sería de orden económico. Esos menores
ingresos comprometerían en principio la financiación de los movimientos
de tierras en Eskuzaitzeta. En este ámbito está previsto desarrollar un
polígono empresarial para el asentamiento de nuevas y viejas
actividades económicas. San Sebastián tiene una gran necesidad de estos
suelos para realojar, por ejemplo, a polígonos como el de Papín-Molinao,
pero también «para atraer nuevos actividades industriales a la ciudad»,
indica Burutaran.
Sin embargo, la corporación es consciente de que el mayor
perjuicio de una eventual paralización de la cárcel se lo llevaría el
proyecto de Txomin Enea, una operación cuya primera fase está prevista
que salga a concurso este año. Este es un nuevo barrio a ejecutar entre
Martutene y Loiola. Se demolerán varias viviendas y se construirán en
dos fases 1.300 nuevos pisos, la mayor parte de protección oficial. La
primera fase (alrededor de 937 viviendas) no se vería afectada, en
principio. La cota de urbanización del nuevo Txomin se elevará entre 1,5
y 3 metros sobre el nivel actual, según las zonas, para evitar que las
crecidas del Urumea provoquen nuevas inundaciones. Esto dejará al
convento de Cristobaldegi y sus zonas aledañas como zonas inundables
dentro de lo que se conoce como el parque fluvial del Urumea. Si no se
derriba la actual cárcel, esta parcela quedará deprimida respecto al
nuevo Txomin y será más fácilmente inundable. Burutaran no oculta que el
mantenimiento de la prisión de Martutene provocaría «una muy mala
solución urbanística». No solo es que no se podrían construir las 369
nuevas viviendas de la segunda fase de Txomin (más 56 apartamentos
dotacionales) sino que la parcela penitenciara quedaría hundida no solo
respecto de la nueva cota de Txomin, en el Norte, sino de la
urbanización prevista desarrollar en su flanco Sur: «Estamos ya
redactando el plan especial para construir unas 400 nuevas viviendas y
actividades terciarias en Antzieta», la zona ubicada entre la cárcel y
el puente de Lugañene que da acceso al polígono 27. O sea, que la
prisión de Martutene se quedaría «en un agujero» -según lo define el
concejal socialista Enrique Ramos-, rodeado de nuevas urbanizaciones
residenciales sobreelevadas respecto a su cota varios metros. Por si las
condiciones actuales de la cárcel no fueran ya suficientemente
lamentables.
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