sábado, 27 de octubre de 2012

PARTIDOS POLÍTICOS ESPAÑOLES = ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.


Desde el estado de naturaleza de Hobbes, el hombre sintió la necesidad de salir de una situación de guerra de todos contra todos donde el derecho no era más que tu espada y Locke describe el siguiente paso con toda brillantez al considerar que el hombre necesita de una asociación para proteger sus propiedades, entendiendo por propiedades, la vida, la libertad y las posesiones, esto sólo se puede conseguir asociandose y fiduciariamente nombrando un soberano que será un fideicomiso que se hará con el poder que los ciudadanos le ceden y al que todos habrán de obedecer. Más tarde Rousseau establece el contrato social como modelo de ejercicio de la soberania que pasa a manos de la voluntad general expresada en la Asamblea. Son los teóricos contractualistas, Hobbes, Locke y Rousseau los que trazan un modelo de democracia con un Estado limitado y el consentimiento de los gobernados como elementos principales.
A partir de los liberales, las teorías procedimentales de la construcción del Estado se acaban y lo que se busca es mantener la esfera privada al margen del Estado, esa es la lucha de los liberales: un Estado mínimo que no penetre en sus vidas. Pero el Estado es en si mismo intervencionista, no tiene reparos en inventar diversas formas de intervención para controlar a sus ciudadanos, una de ellas ha sido el Estado de BIenestar que más bien ha sido el Bienestar del Estado.
El poder tiende a maximizar el abuso al margen de los ciudadanos, eso mismo está ocurriendo en España, donde un megaestado construido a partir de los partidos políticos ha derivado y degenerado en una falsa democracia donde el elemento fundamental: la legitimidad, no existe. Y no existe porque el ciudadano no participa en la mayoria de las decisiones que le afectan, porque vota cumpliendo un tramite cada 4 años y porque vota a partidos no a representantes. Por otra parte, existe una disfunción enorme entre las instituciones y los partidos, los partidos ocupan un lugar que no es el suyo y su poder es desmedido, se puede decir que manda más un secretario de organización del PSOE que un ministro del gobierno.
Tienen un problema añadido y es que no funcionan tal y como describe el articulo 6 de la CE, de forma democrática. Pero nuestro país tiene un grave problema con los partidos y es que al contrario que los EEUU donde surgen de una división radical de la clase política en base a que durante el mandato de Washington, tanto Hamilton como Jefferson tienen diferencias de opinión en torno a temas presupuestarios, ambos recurren a sus aliados en el Congreso y en la Administración para buscar su apoyo a fin de imponer su modelo económico. De esa manera nacen los partidos políticos estadounidenses, a raiz de una división en la clase política en base a temas económicos y no en base a convicciones ideológicas como en Europa. Eso va a marcar las diferencias, realmente en EEUU aciertan al decantarse racionalmente por un gobierno de intereses de la nación y sus ciudadanos. Aqui, todavia no sabemos que interés tiene el gobernar en base a una convicción ideológica.
El sistema de partidos en EEUU está poco ideologízado y cuenta con una mínima estructura nacional. A diferencia de España donde los partidos están plenamente identificados con una ideología, en EEUU no existe ninguna ideintificación ideológica sino más bien se presentan como una coalición de intereses que se agrupan en periodo electoral, no cuentan con una estructura vertical ni horizontal ni centralizada sino que se basan en las instancias locales para decidir la elección de los candidatos a los distintos cargos y a la Convención Nacional del partido. Fuera de esa Convención Nacional que elige a los candidatos no existe otra instancia formal, la burocracia es inexistente.
Por otra parte, al contrario que sucede en nuestro sistema, los legisladores actúan con una enorme libertad en cuanto al sentido de su voto, responden más a su conciencia y al compromiso con sus electores que a una disciplina de partido. Este fenómeno genera un alto grado de identificación de los ciudadanos con sus representantes. Pero sobre todo, a los partidos políticos de EEUU les ocurre una cosa muy importante, no pierden de vista que son un medio y su fin es la nación a la que se deben, podríamos hablar de una competencia patriotica entre partidos.
Sólo con estos datos podremos observar las distintas clases de democracias liberales existentes y podremos llegar a la conclusión de que estamos a años luz del ideal democrático. Nuestros partidos son un arma de destrucción masiva contra la democracia, deterioran sus instituciones, degradan la propia democracia, denigran el Estado de derecho, fragmentan a la nación y maltratan al ciudadano. No hay nada peor que una dictadura pero hay algo que se asimila bastante y es una falsa democracia, la nuestra.
 

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