lunes, 12 de marzo de 2012

Después del talego... a la cola del paro


La falta de ofertas de trabajo complica todavía más la reinserción de los presos que salen de prisión. La falta de expectativas laborales aumenta el riesgo de reincidencia

Ha pasado ya bastante desde que Germán (nombre ficticio) salió de prisión. Tanto que está a punto de agotar el subsidio del desempleo que generó trabajando en prisión y no hay manera de que le salga «curro». La otra mañana, tras sellar su demanda de empleo en la oficina del INEM en el barrio de Villaverde, al sur de Madrid, alguien se le acercó y le ofreció trabajar sin contrato en las obras de construcción de un chalé en la provincia de Toledo. Germán aceptó la oferta de convertirse en trabajador irregular en un sector con tanta siniestralidad como la construcción. No le queda otra. El episodio ejemplifica los problemas que encuentran las personas que salen de prisión para encontrar un empleo y avanzar en el proceso de su reinserción social.
Con una hija a la que alimentar, él mismo admite que si no encontrará otro medio de subsistencia volvería a delinquir. La obra del chalé sirve también como muestra de que la economía sumergida actúa de válvula de escape para las tensiones sociales en un país con más de un 22% de desempleo.
Susana conoce de cerca lo difícil que le resulta a los exconvictos encontrar un trabajo cuando recobran para la libertad. Colabora con la Asociación de Familiares y Amigos de Presos en Madrid (Afeprema). «Hoy en día casi nadie encuentra trabajo, menos todavía los antiguos reclusos; además, si trabajaron en la cárcel, su vida laboral lo refleja y en las empresas conocen su pasado». Esta mujer conoce bien de lo que habla y, aunque reconoce que los internos que muestran interés por su futura empleabilidad son una minoría, denuncia que los talleres ocupacionales y cursos de formación que organiza Instituciones Penitenciarias son insuficientes por la falta de plazas.
Miguel (también este nombre es ficticio) pasó 20 meses en la cárcel de Aranjuez tras ser condenado por un delito de atentado por un encontronazo con una patrulla de la Guardia Civil. Perdió su empleo como agente forestal en el Ministerio de Agricultura y ahora lleva desde que volvió a la calle buscando un trabajo que no llega.

Falta de plazas en prisión

Los reclusos pueden elegir trabajar en prisión. La Administración lo entiende como pasos positivos en el proceso de reinserción del reo y como forma de asegurar el funcionamiento de las prisiones. Lo gestiona el Organismo Autónomo Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo (OATPFE). Los internos realizan labores de cocina, lavandería, panadería. En Afeprema denuncian que lo hacen por sueldos que rara vez alcanzan los 400 euros y con jornadas de hasta diez horas.
Javier Sierra, fundador del Observatorio de Políticas y Sistemas Penitenciarios dependiente de la Universidad de Murcia, explica que estas actividades «contribuyen a que los internos tengan una ocupación y contacto con el ámbito laboral», pero refiere como deficiencias del sistema la escasez de posibles empleos y que «son excesivamente sistemáticos y de dinámicas tradicionales del trabajo en cadena o de manipulado, como por ejemplo el cableado de automóviles, de modo que se desaprovecha el potencial de los recursos humanos disponibles y la predisposición de muchos de ellos de profundizar en el aprendizaje laboral sin que contribuyan a la capacitación profesional y al desarrollo de habilidades». Existen otras fórmulas de apoyo cuando los presos alcanzan el tercer grado penitenciario, que se desarrollan en los Centros de Inserción Social (CIS), donde, según Sierra, «las obligaciones de permanencia son compatibles con la realización de una actividad laboral en el exterior». Los psicólogos que trabajan en la reinserción social de los presos valoran especialmente esta segunda opción.
Sin embargo, recuperar para la sociedad a estos individuos, muchas veces no resulta posible. Así lo cree la esposa de un preso que prefiere mantenerse en el anonimato: «La mayoría de la gente que está en prisión está porque ha reincidido; casi nadie entra con la primera condena». Probablemente, uno de los factores que coadyuvan a esto es el estigma social que supone haber estado en la cárcel. Javier Sierra afirma que son pocos los estudios sobre el ingreso en el mercado de trabajo de los presos que recuperan la libertad. A la espera de estadísticas que los recojan, personas como Germán seguirán batallando por ganarse la vida, aunque sea sin contrato, aunque sea otra vez fuera de la ley. 
 ABC

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