La falta de ofertas de trabajo complica todavía más
la reinserción de los presos que salen de prisión. La falta de
expectativas laborales aumenta el riesgo de reincidencia
Ha
pasado ya bastante desde que Germán (nombre ficticio) salió de prisión.
Tanto que está a punto de agotar el subsidio del desempleo que generó trabajando en prisión y
no hay manera de que le salga «curro». La otra mañana, tras sellar su
demanda de empleo en la oficina del INEM en el barrio de Villaverde, al
sur de Madrid, alguien se le acercó y le ofreció trabajar sin contrato
en las obras de construcción de un chalé en la provincia de Toledo.
Germán aceptó la oferta de convertirse en trabajador irregular en un
sector con tanta siniestralidad como la construcción. No le queda otra.
El episodio ejemplifica los problemas que encuentran las personas que
salen de prisión para encontrar un empleo y avanzar en el proceso de su reinserción social.
Con una hija a la que alimentar, él mismo admite que si no encontrará otro medio de subsistencia volvería a delinquir.
La obra del chalé sirve también como muestra de que la economía
sumergida actúa de válvula de escape para las tensiones sociales en un
país con más de un 22% de desempleo.
Susana conoce de cerca lo difícil que le resulta a los exconvictos encontrar un trabajo cuando recobran para la libertad. Colabora con la Asociación de Familiares y Amigos de Presos en Madrid (Afeprema).
«Hoy en día casi nadie encuentra trabajo, menos todavía los antiguos
reclusos; además, si trabajaron en la cárcel, su vida laboral lo refleja
y en las empresas conocen su pasado». Esta mujer conoce bien de lo que
habla y, aunque reconoce que los internos que muestran interés por su
futura empleabilidad son una minoría, denuncia que los talleres
ocupacionales y cursos de formación que organiza Instituciones Penitenciarias son insuficientes por la falta de plazas.
«Hoy nadie encuentra trabajo, menos todavía los antiguos reclusos»
Falta de plazas en prisión
Los reclusos pueden elegir trabajar en prisión.
La Administración lo entiende como pasos positivos en el proceso de
reinserción del reo y como forma de asegurar el funcionamiento de las
prisiones. Lo gestiona el Organismo Autónomo Trabajo Penitenciario y Formación para el Empleo (OATPFE).
Los internos realizan labores de cocina, lavandería, panadería. En
Afeprema denuncian que lo hacen por sueldos que rara vez alcanzan los
400 euros y con jornadas de hasta diez horas.
Javier Sierra, fundador del Observatorio de Políticas y Sistemas Penitenciarios dependiente de la Universidad de Murcia, explica que estas actividades «contribuyen a que los internos tengan una ocupación y contacto con el ámbito laboral»,
pero refiere como deficiencias del sistema la escasez de posibles
empleos y que «son excesivamente sistemáticos y de dinámicas
tradicionales del trabajo en cadena o de manipulado, como por ejemplo el
cableado de automóviles, de modo que se desaprovecha el potencial de
los recursos humanos disponibles y la predisposición de muchos de ellos
de profundizar en el aprendizaje laboral sin que contribuyan a la
capacitación profesional y al desarrollo de habilidades». Existen otras
fórmulas de apoyo cuando los presos alcanzan el tercer grado
penitenciario, que se desarrollan en los Centros de Inserción Social (CIS),
donde, según Sierra, «las obligaciones de permanencia son compatibles
con la realización de una actividad laboral en el exterior». Los
psicólogos que trabajan en la reinserción social de los presos valoran
especialmente esta segunda opción.
Sin
embargo, recuperar para la sociedad a estos individuos, muchas veces no
resulta posible. Así lo cree la esposa de un preso que prefiere
mantenerse en el anonimato: «La mayoría de la gente que está en prisión
está porque ha reincidido; casi nadie entra con la primera condena».
Probablemente, uno de los factores que coadyuvan a esto es el estigma
social que supone haber estado en la cárcel. Javier Sierra afirma que
son pocos los estudios sobre el ingreso en el mercado de trabajo de los presos
que recuperan la libertad. A la espera de estadísticas que los recojan,
personas como Germán seguirán batallando por ganarse la vida, aunque
sea sin contrato, aunque sea otra vez fuera de la ley.
ABC

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