QUEDAN CUATRO días para que termine esta campaña electoral y los ciudadanos apenas hemos oído propuestas de los candidatos a concejales y a diputados sobre el futuro de las finanzas de ayuntamientos y comunidades autónomas. Es cierto que la crisis ha hecho acto de presencia en los mensajes y a ningún político se le han ocurrido promesas grandilocuentes e inasumibles. Pero todos los bandos han centrado sus insustanciales consignas en atacar al contrario, sin ofrecer a los electores soluciones claras y concretas sobre esa cuestión clave para resolver las penurias de la economía española.
Nueve de las 17 superaron el déficit previsto del 2,4% de su Producto Interior Bruto (PIB). Andalucía, Aragón, Navarra, La Rioja y la Comunidad Valenciana lo hicieron por poco. Y Cataluña, Baleares, Murcia y Castilla-La Mancha se desviaron de forma considerable. Ayer, los analistas del banco HSBC decían que «la preocupación más acuciante es la credibilidad de la consolidación fiscal en los gobiernos regionales». Por tanto, los regidores de las autonomías y corporaciones locales que salgan de las urnas el próximo domingo tendrán que aplicar duras medidas de ajuste para cuadrar sus cuentas.
Cataluña es el ejemplo. El Govern de Artur Mas se ha visto obligado a emprender importantes recortes en cuestiones básicas del presupuesto -sanidad y educación, por ejemplo- que han puesto en pie de guerra a los ciudadanos, muchos de los cuales salieron a la calle para protestar el sábado pasado. Es lógico pensar que se den situaciones parecidas tras la campaña electoral.
En estos días nadie ha hablado de que las CCAA no van a poder crear este año los 40.000 empleos que inexplicablemente generaron el pasado. Del copago sanitario, -al que habrá que llegar tarde o temprano, según los expertos- no se comenta más que para lanzarlo al contrario como piedra arrojadiza. Como tampoco ningún político se ha referido a la situación de miles de empresas que están en la ruina porque los ayuntamientos no tienen dinero para pagar sus facturas.
¿No es el momento de que los candidatos presenten sus propuestas para redimensionar el desmesurado gasto autonómico? ¿Van a subir los impuestos? ¿Por qué apenas hemos oído nada sobre el modelo de financiación municipal, diferido sine die por los políticos? ¿Si los ayuntamientos se han quedado sin los ingresos que proporcionaba el sector inmobiliario, de dónde se nutrirán a partir de ahora para evitar el colapso? ¿Podrían recibir una parte de los impuestos nacionales que se restaría de lo que el Gobierno remite a las autonomías?
Desde luego, las campañas electorales no están para dar malas noticias, pero sería un escándalo que a partir del 23 y sin previo aviso los españoles empezaran a notar recortes en los servicios que prestan habitualmente comunidades y ayuntamientos por la sencilla razón de que no hay dinero. Hubiera sido enriquecedor conocer las ideas con las que el PP y el PSOE quieren emprender el nuevo rumbo que indefectiblemente ha de tomar la Administración intermedia en España. La semana pasada decíamos que estábamos abocados a una campaña propia de elecciones generales. Así ha sido y con un bajo tono. Que nadie se sorprenda del auge de los movimientos que gritan ¡No votes! en las redes sociales.
epsimo y EL MUNDO_____________________
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